
Densidad y Exigencia Emocional, de la película en si y de la relación entre la película y el público. El último film de Carlos Reygadas abrió para mi la versión 4 de Sanfic. “Luz Silenciosa” era una de las películas más esperadas del festival, y justificó plenamente aquella condición. El filme se despliega lentamente ante nosotros, iniciándose con un hermoso plano en donde se desarrolla el paso desde el anochecer hasta los primeros rayos de la madrugada, para presentarnos a una numerosa familia perteneciente a la comunidad menonita en Chihuahua, México. Reygadas pone en escena una serie de elementos de la modernidad (clave es la instalación del transcurrir del tiempo a través de los relojes) los cuales se contraponen a los ritos propios de la tradición religiosa evangélica que profesa la familia. Y es justamente al finalizar uno de esos ritos en que caemos en cuenta del quiebre interno que vive Johan, el padre de familia. Y será a través de otro sobrecogedor plano que Reygadas nos revelará el secreto: Johan vive una relación extramarital con otra miembro de la comunidad. El conflito entre el querer y el deber ser comienza a apropiarse del relato. La rígida moral que conduce el accionar de los personajes va dando paso a pequeños quiebres y momentos de fragilidad en donde a través de la palabra se revela lo qe el cuerpo no es capaz de expresar. Y es esa contención que siempre amenaza con estallar sumada a la austeridad de la puesta en escena la que convierten a “Luz Silenciosa” en una película de alta exigencia emocional para con el espectador, y por lo mismo una experiencia absolutamente recomendable.
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