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Si bien el cine por escencia es un arte, es inegable la ecuación que juega día a día respecto a valores comerciles que la hacen convertirse en un producto mas del mercado. Es sobre eso que trata esta noticia, de cuando el cine pasa a confundirse entre una lata de coca-cola, un barril de petroleo o un Mercedez del año, cuando ocurre aquello, es importante entenderlo con inteligencia y hacer la jugada adecuada que permita desarrollar la escencia de cine que se busca y que esto a la vez sea parte del mercado.

Jorge Olguín guarda hace un año su película Solos a la espera de la oportunidad perfecta para estrenarla en las mejores condiciones posibles. “No queríamos exponerla demasiado. Por el contrario, nos interesaba que estuviera ‘limpiecita’ y sólo pasó por algunos talleres de work in progress. Durante todo este tiempo fue vista en forma privada, hasta que la compañía Ghosthouse (del director Sam Raimi, responsable de la saga de Spider-Man) se obsesionó con ella y decidió comprarla para distribuirla en Estados Unidos”, dice Olguín con bastante entusiasmo, agregando que el costo del filme ya fue recuperado con aquella venta al mercado estadounidense.

Toda la película está hablada en inglés a instancias de uno de los productores norteamericanos de la película. “Así se puede comercializarse mejor en EEUU. De hecho, la niña protagonista es neoyorquina, habla perfecto inglés y su madre es estadounidense”, cuenta Olguín sobre un filme de apenas 100 mil dólares (unos 60 millones de pesos) y que se inscribe como la primera cinta chilena de zombies. “Es mucho presupuesto menos que cualquier película chilena normal”, agrega sobre la producción filmada en ocho días en el centro de Santiago, la maestranza de Estación Central, Santo Domingo, el Parque Mahuida de La Reina y la mina de Saladillo en Los Andes

Chepo

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