A partir de este martes comienzan los “martes del cine documental” la idea es estar publicando cada día un documental interesante o noticias relacionadas con este género. Hoy les presento; Of time and the City.
Anoche en su última función se presentó “Of time and the City” la esperada película de Terence Davies, un melancólico y sentido documental que ha sido aclamado por la crítica desde su estreno el año pasado.
Luego de una ausencia demasiado larga, volvió Terence Davies, el cineasta inglés que ha convertido la melancolía en películas y que no filmaba desde The House of Mirth (2000). Of Time and the City es un encargo para la televisión y exacerba sus intereses habituales, que, como en El mejor de los recuerdos y La trilogía de Terence Davies, rondan su niñez y adolescencia. Se trata aquí nada menos que de retratar a Liverpool, donde Davies vivió desde su nacimiento, en 1945, hasta 1973.
Al igual que en sus ficciones, el director diseña un tapiz visual y sonoro en el que se entrelazan imágenes de la ciudad en diferentes épocas con la música que lo acompañó en sus años mozos. La novedad es su propia voz en off, utilizada en forma casi constante, de manera teatral, a veces sentimental, otras cómica y en unas pocas, las menos felices, excesivamente irónica.
La niñez y adolescencia de Davies están marcadas por la conciencia de su homosexualidad, un tema peligroso ya que, como lo cuenta en este documental, su puesta en práctica estaba en aquellos años fuera de la ley. Los rituales del catolicismo y la vida pública en estadios, lugares de baile, la playa, el cine con las grandes estrellas de Hollywood, conforman la escena de un paraíso perdido, con espinas y dolor pero siempre añorado.
Para Davies, el comienzo de la caída es –como lo expone graciosamente en la película– la aparición de los Beatles, con su cultura popular tan alejada de Doris Day y Peggy Lee. Es curioso, pero totalmente coherente con la sensibilidad de Davies, que un documental sobre Liverpool tenga en tan baja estima a quienes hicieron mundialmente famosa a la ciudad.
Como en todas sus películas, hay distintos momentos en los que la conjunción de imagen y música genera una retórica poética sin equivalente en el mundo del cine. Destacamos una sucesión de imágenes en blanco y negro de mujeres liverpoolianas lavando vidrios, lustrando picaportes y limpiando puertas acompañadas de música sacra, que no se parece a nada que el cine contemporáneo pueda generar.
fuente:el amante


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