Año 1988. Melo, Uruguay, una pequeña ciudad ubicada en la frontera con Brasil, espera la visita del papa Juan Pablo II. Se empieza a hablar de cifras, llegarán miles de personas, algunas fuentes bien informadas hablan de 50.000 visitantes. Dentro de esta convulcionada ciudad una pequeña historia se gesta. El cine uruguayo me ha cautivado gratamente desde que vi Wisky por primera vez, es de esperar que sigan así desde ese lado del Atlántico.
Los habitantes, pobres en su mayoría, saben lo que significa el evento: 50.000 peregrinos querrán comer, beber, querrán comprar banderas de papel, recuerdos, medallas conmemorativas. Llenos de entusiasmo, más que la bendición divina, esperan conseguir una pequeña parte de felicidad material. Beto, un contrabandista de poca monta, está convencido de haber dado con el mejor negocio de todos: “el baño del Papa”, donde miles de peregrinos podrán aliviarse. Que los otros se encarguen de freír montañas de chorizos y hornear bollos, él se hará rico con los residuos humanos. Pero antes de poder construir el retrete, Beto se mete en un lío. Llega casi a agotar la paciencia de su estoica y siempre optimista esposa
Carmen y decepciona a Silvia, su hija adolescente, que sueña con trabajar en los medios de comunicación. Debe incrementar sus arriesgados y duros viajes al otro lado de la frontera. Deja de lado su gran sueño: comprarse un ciclomotor. Incluso pierde su bien más querido, su bicicleta, con tal de hacerse con la clave de su templo de residuos y riqueza: la taza del váter. Pero está decidido a llegar a tiempo para el acontecimiento divino.
Ela baño del Papa corresponde al Ciclo de Cine Uruguayo, mas info en Centro de Extensión UC.




Concurso: Vemos Cine te invita a ver la premiere de "Men in Black 3" el 22 de mayo








